¿Qué es la artrosis?
La artrosis es una enfermedad degenerativa y progresiva del cartílago articular. Esto significa que, con el tiempo, el cartílago se va desgastando de forma gradual. Al tratarse de un proceso progresivo, no existe una cura definitiva que lo revierta por completo. Sin embargo, sí es posible aplicar tratamientos que ayuden a ralentizar su avance y aliviar los síntomas.
Podemos clasificar la artrosis en 4 grados:
- Grado 1 (muy leve)
- Grado 2 (leve)
- Grado 3 (moderado)
- Grado 4 (severo)
¿Por qué puede aparecer en las manos?
La artrosis puede afectar a cualquier articulación del cuerpo. Su aparición depende de múltiples factores como:
- la genética
- el entorno
- el tipo de actividad laboral.
Aunque es más frecuente en articulaciones de carga como la cadera o la rodilla —que soportan el peso corporal—, también puede desarrollarse en las manos. En este caso, suele estar relacionada con hábitos repetitivos o trabajos que implican movimientos constantes o vibraciones, como el uso de herramientas (por ejemplo, martillos neumáticos) o el uso prolongado del ratón del ordenador.
En general, cualquier actividad repetitiva mantenida durante años puede favorecer la aparición de artrosis en las manos.
Síntomas de la artrosis en las manos
Rigidez articular
Uno de los primeros síntomas es la rigidez en las articulaciones, especialmente por la mañana. Al comenzar a mover los dedos, puede aparecer una sensación de hinchazón o dificultad para realizar movimientos. Este suele ser el inicio de la enfermedad, cuando todavía se encuentra en una fase temprana.
Dolor
En las fases iniciales, el dolor puede disminuir tras mover la mano durante un rato. Sin embargo, a medida que la enfermedad progresa, el dolor se vuelve más constante y puede aparecer durante todo el día, especialmente al realizar esfuerzos o movimientos de fuerza con las manos.
Causas y origen de la artrosis
La artrosis tiene un origen multifactorial. Es decir, intervienen distintos factores como la genética, el entorno, los hábitos de vida y el tipo de trabajo.
Por ejemplo, el tabaquismo puede afectar negativamente a la vascularización del cartílago, aumentando el riesgo de desarrollar la enfermedad. También pueden influir enfermedades inflamatorias o reumáticas.
Existen dos tipos principales de artrosis:
- Artrosis primaria: aparece de forma espontánea, sin una causa directa identificable.
- Artrosis secundaria: se desarrolla como consecuencia de otros problemas, como enfermedades inflamatorias, traumatismos o fracturas que afectan a la articulación.
Ambas formas pueden derivar en un deterioro progresivo de las articulaciones.

Tratamientos para la artrosis en las manos
Aunque la artrosis no tiene una cura definitiva, existen diferentes opciones terapéuticas destinadas a aliviar los síntomas y frenar su progresión. El objetivo principal del tratamiento es:
- mejorar la calidad de vida del paciente
- reducir el dolor
- mantener la funcionalidad de las manos y otras articulaciones afectadas.
La artrosis es una patología degenerativa y progresiva caracterizada por el desgaste del cartílago, un tejido que actúa como amortiguador en las articulaciones. Este tejido recubre los huesos, reduce el impacto y evita el roce entre ellos. Sin embargo, al tratarse de un tejido con muy poca vascularización, tiene una capacidad limitada de regeneración. Por este motivo, aunque la medicina regenerativa sigue avanzando, todavía no se ha logrado una solución definitiva para restaurar el cartílago.
Los tratamientos actuales varían en función del grado de desgaste, el tipo de paciente y la articulación afectada. Es importante diferenciar entre las articulaciones de carga —como cadera, rodilla o tobillo— y aquellas que no soportan carga, como hombro, codo o muñeca.
Terapias regenerativas
Las terapias con células bioregeneradoras consisten en la extracción e inyección de células del propio paciente en la articulación afectada. Aunque pueden tener un efecto antiinflamatorio, la evidencia actual no demuestra una regeneración real del cartílago, por lo que su uso se reserva para casos seleccionados.
Mantener la articulación en movimiento
Independientemente de la articulación afectada, es fundamental mantenerla en movimiento. La actividad física dirigida, enfocada en el fortalecimiento de la musculatura que rodea la articulación, actúa como un soporte natural que ayuda a absorber impactos y mejorar la estabilidad.
Fisioterapia
La fisioterapia complementa el ejercicio físico, ayudando a mantener la movilidad articular y reducir la inflamación. Además, se pueden emplear técnicas y dispositivos como infrarrojos o magnetoterapia, que contribuyen a aliviar los síntomas asociados al desgaste del cartílago.
Tratamiento farmacológico
El tratamiento farmacológico se utiliza principalmente en episodios agudos de dolor. En estos casos, se recurre a analgésicos o antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) durante periodos cortos, generalmente de pocos días. No se recomienda su uso prolongado, ya que puede generar efectos adversos sin aportar beneficios sostenidos.
Infiltraciones de corticoides
Los corticoides son potentes antiinflamatorios que ayudan a reducir la inflamación asociada a la artrosis. Pueden administrarse solos o combinados con ácido hialurónico, proporcionando tanto alivio del dolor como mejora de la función articular.
