Entrevista: Dra. Esther Gil

“EL TOQUE DE ARTE QUE REQUIER NUESTRA ESPECIALIDAD SÓLO SE CONSIGUE CON HORAS DE TRABAJO Y DE TRATO CON EL PACIENTE"

¿Cómo se definiría como persona y como médico?

En nuestra profesión, persona y médico van muy unidos. Así que para ambos me considero noble, sólida, franca, luchadora, además de muy alegre, feliz, entusiasta por la vida y el trabajo. En definitiva, privilegiada. La Dra. Gil es así todo el día.

¿Esther o Dra. Gil?

“Esther” es perfecto, pero con “Dra. Gil” los pacientes respetan más mis decisiones sobre las pautas y directrices del tratamiento.

¿Le hubiera gustado estudiar otra cosa?

De pequeña siempre me gustó ser médico, los regalos que pedía a los Reyes Magos estaban relacionados con kits de primeros auxilios, pero también me apasionaban las matemáticas y la física, y a punto de acabar los estudios pre-universitarios, dije a mis padres que quería ser ingeniero aeronáutico, quería pilotar aviones a reacción… “¡La niña se ha vuelto loca!” exclamó mi padre.

¿Algún referente médicos en la familia?

Me veo bastante reflejada en mi abuelo materno, que era médico y escultor. Le gustaba esculpir diferentes materiales. Hay un pequeño Cristo de Lepanto en la Catedral de Barcelona esculpido en madera por él. Yo tengo tres hijos, Laia de 17 años, y, dos mellizos de 11, Gerard y Oriol. Este último es el que tiene más claro lo de ser médico; es muy observador, curioso y le gusta documentarse para todo. Por ejemplo, antes de ver un documental de National Geographic ha buscado información al respecto. En este aspecto se parece bastante a mí. Gerard, en cambio, es un enamorado del deporte -golf, tenis, fútbol…- y muy, muy alegre y extrovertido, es nuestro relaciones públicas. A Laia la tenemos flotando en “la nube de la adolescencia” y está convencida de que encontrará la vacuna para “salvar al mundo”. Lo que sí les advierto siempre es que si quieren dedicarse a la medicina, deben asegurarse de que les gusta en gran manera, ya que son muchos años de estudio y dedicación.

Usted es Licenciada en Medicina y Cirugía, responsable del departamento de Medicina Estética Facial de Clínica Planas. ¿Cómo llegó el relleno a su vida?

Soy médico en Asistencia Primaria Médico-Quirúrgica. Cuando empecé a ejercer en el Centro de Asistencia Primaria de la Guineueta de Barcelona, me responsabilizaron de una nueva unidad que se creó de marginados y excluidos sociales –muchos desnutridos, sin vacunar, sin historial clínico alguno–, que me obligó a estudiar más exhaustivamente la nutrición. A raíz de esta situación y casi por casualidad conocí al Dr. Isidro Dargallo Raventós, que por entonces era Jefe del Servicio de Cirugía Plástica del Hospital Clínico de Barcelona. En su consulta privada, necesitaba un doctor especializado en nutrición para que se cuidara del pre y post operatorio de sus pacientes. Como soy tan entusiasta en todo lo que hago, llegó un momento en que entraba en quirófano con el Dr. Dargallo en todas las intervenciones, y así empezó a enseñarme toda relación con el mundo quirúrgico especialmente en cirugía plástica. Este fue mi inicio en lo que llamaríamos “Medicina Intervencionista”.

Todo el mundo que ha conocido al Dr. Dargallo sabe que es una persona con un carácter muy especial. Me hizo una propuesta que no pude rechazar –no me dejó otra opción–. Se trataba de un máster de 2 años para médicos de cualquier especialidad (plásticos o no), que impartía en Madrid una eminencia mundial, el Profesor Ivo Pittanguy. Había operado a las más conocidas actrices, top-models y señoras de la alta aristocracia mundial. Me considero una privilegiada de haber sido discípula suya.

Realicé mi tesis doctoral sobre “Labio Leporino”, es un defecto congénito. Estudié como conseguir la máxima estética después de la reconstrucción definitiva de la fisura del paladar y del labio superior, y al mismo tiempo con ello buscar una mejor fonación. Pienso que aún sigue siendo un tema muy interesante.

En una ponencia que daba una colega y amiga mía, entre otros temas, expuso parte de mi trabajo sobre el labio leporino haciendo mención de mi nombre. En esta sesión estaba el Dr. Jorge Planas. Pensó que podría ser interesante tener a alguien con mi perfil en la clínica de su padre. Alguien que supiera dejar el labio bonito después de su reconstrucción.

¿Cómo fue su incorporación en Clínica Planas?

El Dr. Jorge Planas me presentó a su padre para que me hiciera una entrevista. El Profesor Jaime Planas no me hizo una entrevista, sino un examen en toda regla. Después de más de tres horas de “entrevista” recuerdo que le dije irónicamente “¿he aprobado?”. Por el año 1993, yo trabajaba en el Hospital General de Granollers y cuando el Profesor Planas se decidió por mí, le dije que no podía venir a trabajar a su clínica. Se extrañó. Le dije “voy a ser mamá”. Se alegró por mi embarazo. Y le dije: “Profesor… no estoy embarazada aún, pero pienso estarlo en breve”. Llevaba nueve años casada y muchos años dedicados a la medicina. El reloj biológico llamaba a mi puerta. El Profesor quedó desconcertado pero lo entendió y me dejó marchar. No tardó más de quince días en llamarme. Recuerdo que fue un domingo por la tarde y me dijo que era indiferente que quisiera ser mamá, lo importante era que estuviera en Clínica Planas. Lo agradecí sinceramente.

¿Quién era Jaime Planas para usted?

Alguien que me hizo sentir importante como persona y como médico. Me hacía ver que los trabajos pequeños que yo realizaba también eran muy importantes. Por ejemplo, daba mucha importancia a que después de una rinoplastia, yo acabara la intervención con el toque final dando plena satisfacción al paciente cuando se vuelve a mirar en el espejo.

¿Cuáles fueron sus consignas cuando entró en Clínicas Planas?

Como si fuera hoy mismo: “Dra. Gil, recuerde que la última palabra la tiene el médico, no el paciente. El equipo médico sois mi prolongación y debéis ser profesionales al 100 %. Tenéis que aprender a decir que “no” cuando lo creáis conveniente. No será fácil, pero en Clínica Planas no queremos números, sino la excelencia de nuestra especialidad”, sentenció el Profesor Jaime Planas.

Otra consigna que me dio al entrar a trabajar fue que no me iba a felicitar por el trabajo bien hecho –que nunca fue cierto–, pero “sí le llamaré la atención por algo que considere no bien realizado. Su obligación es el trabajo bien hecho”. Impresionaba con su presencia y sus palabras. El Profesor Jaime Planas pertenecía a una generación de sabios. Google era él. Conocía todo tipo de enfermedades poco frecuentes y, aún así, siempre quería aprender de nosotros, las nuevas generaciones de médicos que nos incorporábamos.

¿Qué aprendió de verlo trabajar?

Aprendí el trato de proximidad que tenía con todo el mundo, tanto si el paciente era el dueño de una gran empresa multinacional, poseyera un título nobiliario de la alta aristocracia, tuviera un cargo público internacional o fuera un simple trabajador raso o un joven adolescente acomplejado. El paciente tiene dudas, tiene miedo, desconoce el resultado, tiene pánico al dolor, por lo que lo que necesita es contacto y que le den confianza. Y el Profesor Jaime Planas me enseñó a transmitirle esa seguridad.

Y técnicamente aprendí a trabajar bien. Por ejemplo, al finalizar una intervención quirúrgica y proceder a cerrar la herida, hay una previa revisión de todo el campo operatorio. Pues cuando el Profesor Planas ya lo había realizado, volvía a practicar la revisión para asegurarse de que todo estaba correcto. Y esto todavía lo aplico por sistema en todos mis tratamientos. En ese momento me gusta decir que le voy a dar “el punto final Planas”.

¿Cuál fue el mejor consejo que le dio el Profesor Jaime Planas?

Cuando empecé a trabajar, yo era muy jovencita, de estatura normal y muy delgadita, así que me aconsejó que no me dejara intimidar por el interés del paciente. Para ello debía ser consecuente con mi filosofía de trabajo y debía utilizar la fuerza de mi carácter para convencer de las posibilidades tanto del “sí” como del “no” del tratamiento. Sus palabras fueron: “hazte valer pero con humildad”. Es cierto que muchos cirujanos se creen dioses y no todo tiene solución, o no la que el paciente pretende. “Aquello que tú no puedas o no sepas resolver, no lo hagas. Delégalo. A la larga el paciente agradecerá tu honestidad”, me decía el Profesor.

¿Alguna actitud del Profesor Jaime Planas que todavía aplique?

La importancia de las pequeñas cosas, que sirve para todo en la vida. Incluso esto que aprendí de él lo transmito a mis hijos. Les enseño que tanto la presentación de un trabajo escolar, como poner la mesa a la hora de comer o simplemente un juego puede ser importante.

¿Cómo es el despacho de la Dra. Gil?

Tengo una fotografía del Profesor Jaime Planas que me regaló por el 30º aniversario de la Clínica Planas con una dedicatoria: “A la Dra. Esther Gil con mi aprecio y consideración (07/10/2001)”. Recuerdo el momento en que me la dio porque me llamó “nena”, que incluso me dijo que “no te llamaría así delante de nadie. Piensa que te aprecio mucho, mucho, mucho y estoy muy contento de que trabajes con nosotros”. También tengo una fotografía de mis hijos, una de mi hija Laia y unas de mis gemelos practicando golf. Tengo que decir que me encantan los deportes al aire libre por la simple razón de que me paso muchas horas encerrada con la mascarilla, las gafas protectoras, los guantes, etc. y cualquier actividad familiar procuramos hacerla al aire libre (esquí, golf, tenis, vela…). Otra fotografía a la que le tengo mucho cariño es la que me hice en la celebración del 40º aniversario de Clínica Planas, el pasado mes de octubre de 2011, con una compañera de trabajo con la que me llevo muy bien, Manoli, del departamento de Lencería. Y en las paredes tengo colgadas cuatro litografías de las cuatro estaciones del año de Salvador Dalí firmadas por él mismo, que me regaló una paciente muy agradecida por los resultados.

¿Cuál es su especialidad preferida?

Me gusta mucho la reconstructiva de la boca por la dificultad que tiene. La boca es una unidad dinámica que tiene muchas estructuras de gran importancia en el rostro de una persona. Es un reto tanto para reparar un envejecimiento facial como para reparar un caso complicado por malformación o accidente.

¿Qué se realiza en el departamento de Medicina Estética Facial de Clínica Planas, del cual usted es responsable?

Junto con otros departamentos, nosotros realizamos todo lo que tiene que ver con la estética facial desde el punto de vista del paso del tiempo (envejecimiento, arrugas, flacidez, alteraciones dérmicas…) así como coadyugante en patologías faciales o traumatismos. Una cirugía reconstructiva trata de recolocar los tejidos que se han descolocado en su hábitat natural, pero en muchas ocasiones hay que terminar de dar forma al rostro para obtener rasgos naturales y reconocibles. Esta es la función del departamento de Medicina Estética Facial.

También nos ocupamos de un tema apasionante y con grandes perspectivas de futuro: los “Factores de Crecimiento” hoy en día ya utilizados para potenciar la regeneración celular y la capacidad de defensa celular. Lo aplicamos en el envejecimiento facial, en áreas cicatriciales, post-quemados, también en los microinjertos capilares así como preventivo en pérdidas de los folículos, e incluso en otras patologías como, por ejemplo, en la reconstrucción de la unidad areola-pezón en las mastectomías.

¿Me puede explicar el procedimiento de alguno de los tratamientos más comunes?

Pongamos un caso muy común de envejecimiento. Se presenta a mi consulta una señora de 55 años que no quiere ninguna cirugía o bien que ya se realizó una y quiere mantenerla. Le realizamos un estudio global del rostro procurando buscar qué necesitamos para que sea coherente su cara con la edad y el sexo. Para cualquier tratamiento de este tipo se pueden recomendar entre dos y tres sesiones de una hora de duración aproximadamente. Antes de cada sesión, es necesario limpiar la zona a tratar con una asepsia correcta y para evitar las posibles molestias que puedan crear los pinchacitos, al paciente se le aplica una pomada anestésica y frío local. Entonces se realizan las microinfiltraciones y tras el tratamiento el paciente puede incorporarse a su vida normal sin problemas.

Desde que usted empezó ha visto diferentes tipos de rellenos. ¿Cuál nos recomienda? y ¿cuánto duran los resultados?

A día de hoy, recomiendo cualquier gama de ácidos hialurónicos porque estimulan nuestro propio organismo. Se trata de ralentizar el proceso del envejecimiento facial para que no sea tan brusco, pero requiere de un mantenimiento. Si seguimos con el caso de la señora de 55 años, la revisión es anual.

¿Qué me puede decir del ácido poliláctico?

Es un material interesante. Utilizamos el mapa de los propios tejidos del rostro y realizamos unas columnas para mantener los puntos de tensión en la piel. El ácido poliláctico es difícil de utilizar ya que requiere de una preparación muy específica que debe llevar a cabo personal experimentado. Estimula la formación de nuevo colágeno. Es biocompatible y biodegradable, atributos que hacen que no exista riesgo alguno de producir alergia. En el transcurso de cuatro a seis semanas después de una primera infiltración, el rostro ya tiene un aspecto más juvenil y con más tersura. Devuelve parte de la firmeza perdida. Volviendo al ejemplo del caso de la señora de 55 años, a parte de los ácidos hialurónicos, podemos utilizar el ácido poliláctico en un plano más profundo, a nivel del malar por ejemplo, que corresponde al área del pómulo sirviendo como punto medio de sujeción del tejido de la mejilla.

En cambio, para el relieve mandibular utilizaremos un nuevo material, fosfato tricálcico, exquisito por su fluidez e ideal para buscar el reborde estas áreas. Se trata de saber combinar todos estos materiales para conseguir una estructura del rostro ideal.

La primera causa de envejecimiento es la pérdida de capacidad que tiene nuestro organismo de retener agua. Así que mientras unos ácidos dan columnas de tensión, otros más fluidos, al ser captados rápidamente por las células, hidratarán y darán un aspecto mucho más luminoso.

¿Se puede combinar el tratamiento de relleno con otros tratamientos estéticos?

No se puede sino se debe buscar la sinergia entre los tratamientos, que hace que sean mucho más efectivos y duraderos.

¿Se puede combinar un relleno con un cóctel de vitaminas?

Por supuesto que sí. El objetivo principal de los cócteles de vitaminas es ayudar a crear los ingredientes que la propia piel necesita para su nutrición y a la vez para frenar el envejecimiento. Básicamente, los cócteles de vitaminas son antioxidantes y eliminan los radicales libres. El médico cura pero sobretodo tiene que promover la salud. A medida que envejecemos, los catalizadores celulares que ayudan a eliminar los residuos de la combustión celular disminuyen en cantidad y en calidad. Por eso es interesante promocionarlos.

Cuando entra un paciente en su consulta, ¿qué le pide?

Existe el paciente que acepta la edad que tiene pero que, al igual que va a la peluquería a arreglarse el cabello, quiere mejorar su aspecto y sentirse bien cuando se mira en el espejo. Abarca todas las edades, tanto el que viene por los efectos del paso del tiempo, como el adolescente que quiere eliminar las secuelas del acné, pasando por pacientes que se retocan pómulos, labios, arrugas en los surcos nasogenianos, entrecejo, cicatrices, etc.

En cambio, otros buscan en mi consulta milagros imposibles. Algunos quieren solucionar problemas personales de autoestima, como las señoras que pretenden ser como sus hijas. Y otros me piden que un accidente no les hubiera ocurrido nunca. Pero eso es imposible. Tenemos que actuar un poco de psicólogos y hacerles ver que no podemos volver atrás, pero sí que podemos mejorar su fisonomía.

¿Por qué aparecen las arrugas?

Sobre todo porque con los años perdemos la capacidad de retener agua. Por lo tanto, nos deshidratarnos. La sequedad a nivel celular de alguna manera ya predispone a una arruga. Si las arrugas corresponden a unas líneas de expresión que ocurren con la contracción del músculo, cada vez que contraemos un grupo muscular determinado, generamos una línea que expresa diferentes estados de ánimo (alegría, tristeza, sorpresa…). Por uso y desgaste durante 30 o 40 años ese mismo gesto se queda marcado en forma de arruga y llega a cicatrizar. Es interesante no llegar a esa fractura epidérmica. Por eso, desde el departamento de Medicina Estética Facial insistimos, y mucho, en la prevención.

¿Qué hay de arte en su especialidad?

Todo. Evidentemente existe una base anatómica y fisiológica, pero hay que tener una sensibilidad especial para poder trabajar en el rostro de una persona, ya que éste tiene que transmitir un estado de ánimo concreto en cada momento. No podemos considerar un buen resultado a un rostro que no se aprecie ni una sola arruga sino el que exprese juventud, lozanía, salud…

¿Cuál es el grado de satisfacción del paciente?

Algunos de los agradecimientos más sentidos son los de adolescentes acomplejados que han sido marginados en el colegio por tener algún defecto facial, que no tenían ni siquiera amigos, y que vuelven a mi consulta diciéndome “¡Dra. Gil, ya tengo pandilla y novia!”.

¿Qué le han llegado a pedir?

Antes venían con fotos de modelos o actores –los labios de Angelina Jolie, Richard Gere, George Clooney y, más próxima a nosotros, los labios de la periodista deportiva Sara Carbonero–, pero lo que hoy más me sorprende es que entran en mi consulta con un cómic bajo el brazo porque quieren parecerse a su heroïna preferida . De hecho, algunas ya vienen maquilladas como ellas. Pero también tienen claro a quién no quieren parecerse (que evidentemente estos nombres me los reservo para mí).

¿Qué es lo peor y lo mejor de su especialidad?

Lo peor es tener que decirle a un paciente que no puedo borrar de su vida el accidente que tuvo, pero en cambio intento transmitir que sí puedo mejorar su aspecto. Y nos quedamos con lo mejor, la fidelidad de nuestro paciente.

Cuando se encuentra en un lugar público, fuera de Clínica Planas, ¿se fija en las demás caras?

Sí, es inevitable. Pero jamás le diría nada a nadie que no me lo pidiera. Soy bastante discreta sobre mi profesión porque creo que nunca hay que poner un complejo donde no existe.

¿Se ha operado usted alguna vez por estética?

De varices, por un problema genético. Y por estética, IPL y Botox® para mejorar mi aspecto. ¡Y estoy encantada!

¿Imparte clases?

Participo en el Curso de Láser Médico Quirúrgico de la Universidad Autónoma de Barcelona juntamente con el responsable de la Unidad de Láser de Clínica Planas, el Dr. Rafael Serena. También colaboro con la Asociación de Medicina Estética del Colegio de Médicos de Barcelona e imparto clases a farmacéuticos y personal de laboratorio sobre inyectables y cosméticos.

¿Cómo ve los alumnos de hoy en día?

Quieren correr mucho y deben entender que la experiencia es muy importante tanto para saber lo que se puede realizar como lo que no. El toque de arte que requiere nuestra especialidad sólo se consigue con horas de trabajo –con sus errores incluidos de los aprendemos muchísimo– y horas de trato con el paciente.

¿Cuáles son las inquietudes de los futuros especialistas?

Su interés se centra sobre qué tipo de materiales usamos y deberían preguntar más sobre cómo, dónde y por qué se aplica.

¿Cómo ve el futuro de la Medicina Estética Facial? ¿Tiene algo que ver la inyección de grasa propia? ¿Y el PRGF® (Plasma Rico en Factores de Crecimiento)?

El futuro está en el método multidisciplinar pero, sobretodo, en nuestra área de trabajo el futuro se centrará en las células madre y factores de crecimiento. En un mismo rostro trabajan muchas supraespecialidades, es lo que procuramos en Clínica Planas.

Sobre la inyección de grasa propia, que me pregunta, es un tratamiento exquisito. Aunque hay que personalizar cada tratamiento, podríamos decir que estaría indicado para grandes depresiones y siempre combinado con otros tratamientos u otras técnicas.

Y finalmente, creo que se tiene que invertir más en el estudio de las células madre y PRGF® (Plasma Rico en Factores de Crecimiento) para promover el estado de salud de la propia célula.

Si aprendemos a utilizar elementos naturales evitando que las células pierdan tan rápidamente la capacidad de retener agua –sobretodo las dermoepidérmicas– y además eliminar los residuos de la oxidación celular, conseguiremos disminuir los efectos secundarios del envejecimiento de la piel y tejidos.

Estoy convencida de que técnicamente aún se puede mejorar más la prevención del envejecimiento.

Y para acabar, ¿a quién le cambiaría la cara?

A todos aquellos que politizan con la salud.


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