La blefaroplastia no empieza en el quirófano.
Empieza el día en que tu dedo empieza a suplir lo que tu párpado ya no puede hacer por sí solo.
Ese gesto de levantar el párpado para aplicar mejor el rímel, maquillarte con más facilidad o simplemente verte mejor frente al espejo es algo que muchas mujeres hacen sin darse cuenta.
No suele percibirse como un problema. Se convierte en una costumbre.
Y es precisamente cuando normalizamos esos pequeños gestos cotidianos cuando dejamos de preguntarnos si existe una solución.
En este videoblog hablamos de cómo el exceso de piel en los párpados puede afectar al día a día y de cómo la blefaroplastia puede ayudar a recuperar una mirada más fresca, descansada y natural.

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