Patas de gallo: cómo tratarlas

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Las patas de gallo son esas pequeñas arrugas que aparecen en el contorno externo del ojo. Van apareciendo, con el paso de los años, por la constante contracción del músculo orbicular, al realizar gestos tan comunes como sonreír.

Para combatir estas patas de gallo, que dan a nuestra mirada un aspecto más cansado y envejecido, contamos con la toxina botulínica. Este tratamiento permite relajar parcialmente la contracción del músculo orbicular, con lo que conseguiremos atenuar o incluso eliminar -depende del caso- las arrugas dinámicas de la mirada.

La infiltración de toxina botulínica se puede utilizar también -de hecho es recomendable- de forma preventiva. Es decir, podemos recurrir a este producto antes de tener unas patas de gallo pronunciadas para evitar que lleguen a salir. El efecto de esta infiltración de toxina botulínica tiene una duración aproximada de 3 meses, dependiendo de cada caso.

Existe un segundo tratamiento, complementario a este, que debemos tener en cuenta si nuestro objetivo es aportar frescura y luminosidad a la mirada. Se trata de la aplicación de láser CO2 en la zona del párpado inferior, donde podemos tener otro tipo de arrugas: las arrugas estáticas; o en otras palabras arrugas no creadas por la gesticulación facial. Este tratamiento está recomendado en los casos en que la piel de la zona de los párpados está deteriorada. Mediante el láser vamos a mejorar la calidad cutánea de esta zona, unificando el tono de la piel y aportándole textura.

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