Entrevista al Dr. Jorge Planas, en la revista Planas Mag

Entrevista al Dr. Jorge Planas, en la revista Planas Mag

Entrevista al Dr. Jorge Planas para Planas Mag

¿Como se definiría?

Un apasionado. Todo lo que hago en mi vida me sale hacerlo con pasión. No creo que sea algo que puedas trabajarlo. La pasión sale de la ilusión, que aparece por unos aciertos en la vida. Es muy importante en la vida acertar en tus decisiones. Cada día tomamos muchísimas; desde elegir una prenda hasta ir al cine o quedarte en casa. La mayoría de estas decisiones no son importantes y no van a cambiar tu vida ni te van a hacer más o menos feliz. Pero hay algunas decisiones que se toman a una edad muy temprana y que sí es importante no fallar. Todo hay que decirlo: el factor suerte también influye. Una de esas decisiones es la profesión que eliges. Ahí no te puedes equivocar, porque pocas veces hay vuelta atrás.

¿Fue condicionado por su padre?

No, porque mi padre siempre nos dijo que nos dedicáramos a lo que quisiéramos. A ninguno de los tres hermanos nos impuso ser médicos por el mero hecho de construir su propia clínica. Y éso, que mi padre podría haber sido mi abuelo, porque se casó muy tarde. Al tenerme casi a los cincuenta, hubiera podido tener una generación por medio. Más de una vez, nos había comentado que, después de crear la primera clínica de cirugía plástica de Europa, le hacía mucha ilusión que alguien se dedicara a la medicina. Pero nunca lo impuso ni si quiera lo condicionó para que dos de los tres hermanos acabáramos dedicándonos a ello.

¿Cómo se lleva la fama de un padre tan reconocido?

A los 8 años, bajaba a quirófano no porque mi padre me obligara, sino porque vivíamos en el piso de arriba de la misma clínica. Es como el hijo del mecánico que tiene el taller abajo y ve, cada día, como su padre arregla motos. Así, que elegí dedicarme a lo mismo que mi padre no sólo porque me gustaba, sino también porque lo he vivido desde pequeño.

¿El alumno llega a superar al maestro?

La cirugía ha cambiado mucho. Creo que tiene mucho más mérito no sólo mi padre, sino todos los profesionales de aquella generación, en la mayoría de las especialidades médicas, porque ellos inventaron las técnicas quirúrgicas. Por ejemplo, mi padre inventó una técnica de reducción de mamas, otra de lipectomía abdominal… y, a mediados del siglo pasado, se inventaron prácticamente todas las técnicas de cirugía estética. Técnicas que no existían antes, que a alguien se le tuvieron que ocurrir: cómo reducir un pecho, cómo subir la areola sin que muera, cómo reducir un abdomen sin que se necrose, cómo sacar grasa de unas caderas para que quede regular, cómo hacer que una nariz quede uniforme… A base de inventar.

Por lo tanto, el mérito total es para esa generación. Recuerdo mi padre explicarme los grandes miedos que pasaban al retirar un vendaje o un yeso, porque al principio no sabían cómo iba a quedar. En cambio, ahora, las técnicas están perfeccionadas de tal manera que yo retiro un yeso con toda la tranquilidad y seguridad absoluta de que el resultado va a ser el deseado.

¿Le gustaría que alguno de sus hijos continuara la saga?

Tengo 3 hijos: Alexia (10 años), Jaime (6 años) y un recién nacido, Mauro. He de reconocer que me gustaría que alguno siguiera con mi profesión, porque es muy gratificante. No sólo cambio la cara de mis pacientes, también les cambio la vida. Además, es una profesión que mezcla ciencia, arte y psicología: Ciencia, porque debes tener una formación como médico y cirujano, y conocer las técnicas quirúrgicas y el apasionante mundo de la anatomía humana. Arte, porque por muy bien que conozcas las técnicas quirúrgicas, siempre hay un porcentaje que uno pone como artista. No es lo mismo dejar la nariz respingona o recta del todo. Se trata de moldear una escultura, como el artista que esculpe un mármol, pero manejando otro tipo de materiales más delicados.

Psicología, porque estamos tratando pacientes que tienen un complejo. Son personas a las que hay que entender muy bien lo que quieren, que sea correcto y, sobretodo, que no lo estén haciendo por otra persona ni que no lo estén haciendo por un momento de desesperación anímica. En este último caso, el estado de ánimo está más bajo y, a veces, se pueden tomar decisiones erróneas por cambiar cualquier aspecto del cuerpo.

Hablábamos de sus hijos…

Pues eso, que si se dedicaran a la cirugía plástica, con estas tres premisas, es imposible aburrirse. No hay lugar para la monotonía. Además, es una profesión muy flexible porque, cada vez, ves a pacientes nuevos, operas con diferentes técnicas, cada caso es distinto a otro; por ejemplo, no he encontrado dos narices iguales. El trato con el paciente te lleva a planear cada caso para cada persona. A mis hijos, si me preguntan, les diría que entre los 45 y los 55 años, un cirujano tiene todavía el vigor de una persona joven con la experiencia y la madurez de haber operado mucho y de haber realizado múltiples casos. Ahora, a mis 45 años, me encuentro en una fase de la vida profesional de máximo esplendor. Incluso en época de retirada (65 años), empieza una etapa de docencia, organización e investigación. Les recomendaría esta profesión porque llevarían una vida profesional llena de etapas muy distintas.

¿Quién marca la moda?

Los impactos audiovisuales de mayor extensión: televisión, cine y revistas, por este orden. Por
ejemplo, durante una etapa de formación en Brasil (1989), me di cuenta de que no había ningún caso de aumento de mamas. El patrón de belleza era pecho plano y glúteos bien contorneados. Me venían adolescentes con una talla 85 (pecho, que aquí se consideraría pequeño) a reducirlo, porque se veían como “vacas” (término literal que pronunciaban ellas mismas). Evidentemente, les acababa diciendo que no las podía operar, porque sería dejar un pecho, que ya era perfecto, lleno de cicatrices. Diez años más tarde, Brasil es el segundo país del mundo que más prótesis de mamas se ponen. Lo único que ha cambiado para poder modificar todo un patrón de belleza de un país son los impactos audiovisuales. Es muy difícil concienciar a un país entero de que lo que hoy ven bello mañana no lo será y pasado, lo contrario. Este cambio de mentalidad del caso brasileño sólo lo consiguió una corriente audiovisual que vino de Norteamérica con series de moda como “Vigilantes de la Playa” y modelos tan exuberantes como Pamela Anderson, con una talla de pecho considerablemente grande.

Si hacemos un repaso a la historia, desde la Venus de Willendorf (Paleolítico) hasta Marilyn Monroe, los patrones de belleza corporal han ido cambiando constantemente, no sólo en diferentes partes del mundo, sino también en una misma región. Además, hay que añadir que los cambios son cada vez más rápidos. En épocas del Renacimiento o de la Antigua Grecia o incluso durante las civilizaciones egipcias, los cánones de belleza duraban siglos; no como ahora. Esta aceleración en el cambio de gustos afecta al mundo de la cirugía. En los años 70, por ejemplo, se llevaban las narices respingonas y, ahora, se llevan rectas. Los pechos de los años 60 se llevaban pequeños, en los 80 y90 se llevaban enormes y, ahora, la tendencia es a la normalidad. Lo mismo ocurre con los labios voluminosos de hace unos años, porque ahora la
gente busca naturalidad.

Por eso, creo que siempre nos debemos quedar en la normalidad. Lo mejor es que una cirugía no se note y que nadie pueda decir que alguien se ha operado los labios o que lleve el cartel de “llevo la nariz operada”. Lo mejor es que digan que qué bien está esta persona y qué bien se cuida. Ése es nuestro objetivo.

¿Su especialidad preferida?

La rinoplastia. Me gusta arreglar las narices, sobretodo, porque no hay dos iguales. Es una
cirugía que siempre te está exigiendo, porque un milímetro puede cambiar mucho la fisonomía. Se trata de una operación que da mucha satisfacción. También hay muchas narices que son intocables. De hecho, no es la primera vez que me niego a operar algunas. Y es que al final todo tiene que estar proporcionado. La regla de la proporción es básica. El resto del cuerpo tiene que estar proporcionado a esa nariz. Si una persona es alta con la cara triangular y tiene mucho pómulo y mentón, hay que convencerle de que su nariz grande va bien con su cara. De lo contrario, aunque reduzcamos la nariz y quede natural, nos va a quedar poco proporcionado con el resto.

Cuando se encuentra en un lugar público, fuera de la Clínica Planas, ¿se fija en las demás narices?

Me suele pasar en los ascensores, porque es un lugar donde estás muy cerca de otras personas. Aunque desconecto bastante de mi profesión cuando salgo de la clínica, observo las narices de los demás y hasta llego a pensar en retocar alguna. Pero jamás lo diría, porque nunca hay que poner un complejo donde no existe.

¿Si se trata de quitar un complejo, no debería tratarlo la psicología?

De pequeño, me llamaban “Dumbo”, pero a los 8 años me operé las orejas y, en clase, volvieron a llamarme Jorge. En mi libro Cirugía Estética sin trampa ni cartón hablo sobre la cirugía, que ha sido el factor de la posibilidad de poder utilizar algo que antes no existía para solventar un complejo. Estoy de acuerdo con Carmen Posadas cuando, en el prólogo de mi libro, escribe que si Cyrano De Bergerac hubiese tenido la oportunidad de operarse de la nariz, lo hubiera hecho. Murió sin poder firmar con su nombre esas cartas románticas a su amor platónico, porque creía que iba a estar siempre rechazado por su nariz. Sea el complejo que sea, si se puede resolver, la persona está más cómoda y se siente más segura. Puede, incluso, cambiar el carácter de las personas.

¿Hay límite?

Sí. El cirujano plástico siempre tiene que echar el freno de mano, cuando ve que el paciente quiere pasar ese límite (tanto en número de intervenciones como en situaciones en que la proporción ya sea la correcta con el resto del cuerpo).

¿Diferencia entre cirugía estética y medicina estética?

Toda. La cirugía estética es entrar en un quirófano y realizar una intervención quirúrgica bajo anestesia. La medicina estética son todos los tratamientos no quirúrgicos (láser, infiltraciones de rellenos, peeling, dietas…), que también van encaminados a mejorar la belleza o el rejuvenecimiento de una persona.

Pronto Uds. abrirán un centro de medicina estética en Madrid. ¿Qué es para usted Clínica Planas Madrid?

Clínica Planas Madrid es un servicio que daremos a nuestros pacientes de Madrid para mejorar su confort en los postoperatorios de las cirugías que se realizan en Barcelona. Así, no precisaran volver tantas veces para las curas postoperatorias y, además, podrán realizarse, allí, todos los tratamientos que no sean quirúrgicos. Esa ha sido la idea por la cual hemos creado ese centro.

“Hay que educar a la gente”, dice. ¿Es por eso que el Dr. Jorge Planas escribe “Cirugía Estética sin trampa ni cartón”?

La verdad es que cada vez hay más tecnología y técnicas diferentes. La gente tiene un lío absoluto en la cabeza entre tantos tratamientos. En cualquierrevista de estilo de vida, siempre leeremos “lo último en…” con técnicas y nombres nuevos. Con tantos tratamientos, pensé que alguien debía poner orden. Por eso, CIRUGÍA ESTÉTICA SIN TRAMPA NI CARTÓN es una especie de guía del mundo de la cirugía estética. El boom que estamos viviendo de la cirugía estética hace que la gente se interese por estos temas y, sobretodo, los que quieren asistir a la consulta del cirujano con una base de información previa. Antes de la visita médica, los pacientes prefieren informarse o bien a través de internet o bien con este libro. CIRUGÍA ESTÉTICA SIN TRAMPA NI CARTÓN está dividido en tres partes. En la primera, se habla de los miedos a la cirugía, a la anestesia, al cómo quedaré, el qué dirá la gente, dónde se debe consultar, a qué tipo de profesional y clínica hay que acudir, qué debe exigir el paciente a la hora de operarse… Otra gran parte del libro son las preguntas más frecuentes de los pacientes; la técnica, el postoperatorio… Y la última parte, trata de la filosofía ligada al mundo de la cirugía estética.

Por cierto, ¿a quién le cambiaría la cara?

Nunca le cambiaría la cara a alguien que no me lo pidiera. Pero me hubiera gustado hacerle una
rinoplastia a Mortadelo, con perdón de su ilustrador Francisco Ibáñez.

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