¿Qué es el espolón calcáneo?
El espolón calcáneo es una protuberancia ósea que se forma en la parte inferior del hueso calcáneo, es decir, en la zona plantar del talón. Se produce debido a una acumulación de calcio como respuesta a una inflamación prolongada en la fascia plantar. Esta formación ósea puede detectarse mediante radiografía, aunque no siempre provoca síntomas.
Es consecuencia de la fascitis plantar crónica, una inflamación de la fascia plantar, una banda de tejido conectivo que se extiende desde el talón hasta la parte anterior del pie. Esta estructura, similar a un ligamento, actúa como un soporte fundamental para el arco del pie y absorbe los impactos al caminar o correr.
La fascitis plantar puede producirse por diferentes causas, como:
- sobrecarga
- uso de calzado inadecuado
- traumatismos
Cuando la inflamación persiste durante un período prolongado, el cuerpo responde depositando calcio en la zona afectada, lo que con el tiempo da lugar al espolón calcáneo. Sin embargo, es importante destacar que la presencia de un espolón no siempre causa dolor. El problema suele aparecer cuando los tejidos circundantes se inflaman o irritan.
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Tratamiento para eliminar el espolón calcáneo
El espolón calcáneo sólo suele tratarse en el caso de que cause dolor. Si es así, el tratamiento se enfoca en aliviar la fascitis plantar y reducir la inflamación en la zona afectada.
Tratamientos conservadores:
Cuando un paciente acude por primera vez a la consulta con dolor en la fascia plantar, el abordaje inicial se basa en tratamientos conservadores. Esta es la primera línea terapéutica, ya que es la menos invasiva y suele ofrecer buenos resultados en la mayoría de los casos, si se sigue con constancia y disciplina.
El enfoque conservador implica una combinación de terapias diseñadas para reducir el dolor, disminuir la inflamación, mejorar la biomecánica del pie y favorecer la regeneración de los tejidos afectados. Sin embargo, es importante que el paciente tenga en cuenta que estos tratamientos no producen efectos inmediatos. Por lo general, se necesita un periodo de seguimiento de al menos seis meses para evaluar su eficacia. Durante este tiempo, se valora no solo la evolución de los síntomas, sino también la disponibilidad y el grado de compromiso del paciente para seguir las pautas indicadas, ya que la constancia es clave para obtener resultados.
Esta opción de tratamiento sigue un enfoque progresivo: se empieza siempre con medidas no invasivas y, si no son efectivas, se pasa gradualmente a tratamientos más invasivos. Este enfoque escalonado permite respetar el proceso natural de recuperación del cuerpo y evita intervenciones innecesarias.
En la fase inicial, se suelen combinar distintas tratamientos como:
Antiinflamatorios
Ya sea por vía oral o en forma de cremas y geles tópicos, para aliviar el dolor y controlar la inflamación local.
Aplicación de frío local en la zona afectada
Especialmente tras la actividad física o al final del día, lo que ayuda a reducir la inflamación y proporciona alivio sintomático.
Fisioterapia
Puede incluir técnicas manuales como masajes descontracturantes, movilizaciones, ultrasonido terapéutico, etc.
Estiramientos específicos de la fascia plantar y del músculo gemelo
Fundamentales para aliviar la tensión sobre la inserción del talón y mejorar la elasticidad de los tejidos.
Uso de plantillas ortopédicas personalizadas
Con soporte para el arco plantar y una zona de descarga en el talón, lo que corrige la pisada y disminuye la presión sobre las estructuras lesionadas.
Ondas de choque
Una terapia no invasiva que estimula la regeneración del tejido dañado mediante microimpactos mecánicos, mejorando la vascularización y aliviando el dolor crónico.
Ejercicios de fortalecimiento
Aplican a los músculos del pie y de la pierna, con el objetivo de mejorar la estabilidad, distribuir mejor las cargas y prevenir futuras recaídas.
Revisión del calzado
Asegurando que el paciente utilice zapatos adecuados, con buena amortiguación, soporte plantar y sin excesiva compresión en el talón o el arco.
En algunos casos, si después de varios meses de tratamiento conservador no se consigue una mejoría significativa, se puede valorar el uso de infiltraciones de corticoides. Estas infiltraciones son eficaces para aliviar el dolor intenso y reducir la inflamación localizada.
Cuando la respuesta a estos tratamientos sigue siendo insuficiente, se puede contemplar la posibilidad de aplicar tratamientos regenerativos, como las infiltraciones con células bioregeneradoras, que buscan estimular la reparación biológica del tejido dañado.
Por último, si tras agotar todas las opciones conservadoras no se logra controlar el dolor ni mejorar la funcionalidad del paciente, se valora la cirugía como última alternativa. Esta decisión se toma de manera personalizada, en función de la evolución del caso y de las necesidades individuales del paciente.
Procedimiento quirúrgico
¿En qué consiste?
Cuando la fascitis plantar no responde a los tratamientos conservadores, se valora la posibilidad de realizar una intervención quirúrgica. Esta decisión se toma independientemente de si el paciente presenta espolón calcáneo, ya que la cirugía está indicada cuando la inflamación y el dolor son persistentes y no ceden con ninguno de los tratamientos conservadores.
La técnica quirúrgica clásica consiste en la desinserción total o parcial de la fascia plantar, con el objetivo de reducir la tensión que provoca el dolor. Además, si el paciente presenta un espolón calcáneo, este se elimina mediante limado o una osteotomía (corte del hueso).
El acceso a la zona puede realizarse de dos maneras principales:
1.Cirugía abierta tradicional
En este enfoque, se realiza una incisión de unos 10 centímetros en la parte interna del talón. A través de esta apertura, se accede directamente a la fascia plantar y al espolón, si lo hubiera. Se procede entonces a la desinserción de la fascia y a la resección del espolón.
Esta técnica ofrece visión directa del campo quirúrgico, pero es más invasiva. Requiere puntos de sutura, curas postoperatorias y un tiempo de recuperación mayor. El paciente suele necesitar al menos 15 días antes de volver a caminar con normalidad, y existe mayor riesgo de hinchazón, apertura de la herida e infección.
2.Cirugía mínimamente invasiva (percutánea con fluoroscopia)
En Clínica Planas, aplicamos una técnica más moderna y menos agresiva. Se realiza una microincisión de apenas 2 milímetros, a través de la cual se introduce un instrumental específico guiado por fluoroscopia (una imagen de rayos X en tiempo real).
Mediante esta vía percutánea, se llega hasta el espolón para limarlo cuidadosamente, y se procede a la desinserción parcial o total de la fascia plantar utilizando un bisturí especializado. La elección entre corte parcial o total depende del grado de afectación y las características del paciente.
La gran ventaja de esta técnica es su rápida recuperación: al tratarse de una intervención mínima, solo se necesita un punto de sutura, no hay necesidad de inmovilización, y el paciente puede caminar el mismo día de la operación.
El dolor postoperatorio es mucho menor, y el riesgo de complicaciones, como infecciones o hematomas, se reduce considerablemente.
En la mayoría de los casos, el mismo día de la cirugía el paciente puede utilizar un calzado acolchado con plantilla de descarga para el talón, lo que permite retomar progresivamente sus actividades cotidianas. La intervención tiene una duración aproximada de 20 minutos.
Preoperatorio
Antes de someterse a la intervención quirúrgica, el paciente deberá seguir cuidadosamente las indicaciones del especialista para preparar adecuadamente la zona afectada y minimizar el riesgo de complicaciones, tanto durante como después del procedimiento.
El preoperatorio para la técnica percutánea es similar al de cualquier otra intervención ambulatoria. Incluye un chequeo médico completo, con análisis de sangre y valoración del estado general de salud. Además, se recomienda no fumar en los días previos a la cirugía. También es fundamental suspender la toma de anticoagulantes al menos 10 días antes de la intervención, siempre bajo supervisión médica, para reducir el riesgo de sangrado.
La operación se realiza con anestesia local y sedación leve, lo que permite al paciente estar relajado y sin dolor durante todo el procedimiento.
Postoperatorio y recuperación
La recuperación tras la cirugía percutánea es muy sencilla y prácticamente no presenta limitaciones importantes. Si el paciente se encuentra bien, incluso podría retomar la actividad deportiva en cuanto lo desee, siempre de forma progresiva. El ejercicio físico, de hecho, puede ser beneficioso, ya que favorece el deslizamiento natural de la fascia y contribuye a reducir la tensión en la zona tratada.
Caminar y retomar una vida normal es posible desde el primer día, a medida que disminuye la inflamación postoperatoria. No obstante, durante las primeras 48 horas se recomienda evitar el baño o la ducha para proteger la zona intervenida, y en caso de molestias, se puede tomar un analgésico siguiendo la indicación médica.
Síntomas
Estos son algunos de los síntomas que puede causar la fascitis plantar:
- Dolor intenso en la planta del pie, sobre todo por las mañanas, que disminuye con la actividad física.
- Posible hinchazón en la fase aguda.
- Dolor localizado en el talón que puede ser confirmado con una radiografía o ecografía.
- Sensación de ardor o punzadas en la planta del pie, especialmente tras periodos prolongados de inactividad.
- Sensibilidad al presionar la zona afectada.
Causas y factores de riesgo
Sobrepeso
Al tener un peso por encima del recomendable, se aumenta la presión en el talón y la inflamación de la fascia plantar.
Falta de preparación física y calzado inadecuado
Caminar largos trayectos sin estar acostumbrado, acompañado del uso de chanclas o calzado sin soporte adecuado, puede generar estrés y una sobrecarga en la planta del pie.
Sobrecarga deportiva
El espolón calcáneo es un problema común en pacientes deportistas, que realizan entrenamientos muy intensos sin el debido descanso, sobrecargando así la fascia.
Envejecimiento
Se manifiesta también en pacientes de edades avanzadas porque con el tiempo el tejido conectivo pierde su elasticidad y la fascia queda rígida, favoreciendo la inflamación de la zona.
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Preguntas
frecuentes
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¿Puede volver a aparecer?
Si se elimina el espolón mediante cirugía, no reaparece. Sin embargo, si el problema radica en la fascitis plantar y no se trata adecuadamente, los síntomas podrían regresar.
Los tratamientos conservadores pueden no llegar a funcionar y, por ello, existen los métodos quirúrgicos. El más efectivo es la desinserción de la fascia, consiguiendo radicar el problema definitivamente. -
¿Cuándo puedo volver a caminar?
Una de las principales ventajas de la cirugía percutánea es la rápida recuperación. A diferencia de la cirugía tradicional, el paciente puede volver a caminar prácticamente de forma inmediata tras la intervención.
Durante los primeros dos o tres días, se recomienda llevar un vendaje acolchado en el talón para proteger la zona intervenida. Posteriormente, se puede utilizar un calzado deportivo cómodo, preferiblemente con una plantilla acolchada en el talón, para amortiguar el apoyo y favorecer la recuperación.
A medida que la inflamación va disminuyendo, el paciente podrá retomar progresivamente el uso de cualquier tipo de calzado, siempre que no cause molestias. -
¿Cuándo puedo volver al trabajo?
La reincorporación al trabajo dependerá del tipo de actividad que realice el paciente. En el caso de un trabajo sedentario, como tareas de oficina, es posible volver a los 2 o 3 días después de la intervención, siempre que el paciente se sienta cómodo y no presente molestias significativas. En cambio, para trabajos que implican esfuerzo físico o movimiento constante, el tiempo de recuperación puede ser un poco mayor. En estos casos, el regreso se valorará de forma individual, aunque en la mayoría de situaciones también puede ser relativamente rápido, gracias a la baja invasividad de la cirugía percutánea.
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¿Cuándo puedo retomar la actividad deportiva?
El regreso a la actividad deportiva varía según la evolución de cada paciente y el tipo de deporte que practique. Algunos pacientes pueden retomar actividades suaves, como caminar con mayor intensidad, a los 15 días de la intervención. Para deportes de mayor impacto, como correr, saltar o entrenamientos intensos, se recomienda esperar entre tres semanas y un mes.
La recuperación es generalmente rápida, pero debe adaptarse al ritmo de cada persona.