Hígado graso, la enfermedad silenciosa

Hígado graso, la enfermedad silenciosa

El 25% de la población española padece hígado graso (o esteatosis hepática), una enfermedad sileciosa y que es más frecuente en personas con obesidad.


El 25% de la población española padece de hígado graso (o esteatosis hepática), una enfermedad silenciosa y que es más frecuente en personas con obesidad

•    El exceso de grasa en el hígado provoca diferentes alteraciones hepáticas y en casos avanzados puede causar cirrosis hepática con riesgo de desarrollar un cáncer hepático

•    La mayoría de los diagnósticos son casuales porque es una enfermedad que no tiene síntomas en las fases iniciales

•    Los expertos recomiendan el control en pacientes con obesidad y diabéticos para diagnosticar a tiempo esta enfermedad que se puede superar con un tratamiento de pérdida de peso corporal, tratamiento de factores de riesgo metabólicos y la promoción de hábitos saludables


La obesidad es una de las epidemias del siglo XXI: según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), desde 1975 se ha casi triplicado en todo el mundo y en España, según la última Encuesta de Condiciones de Vida del Instituto Nacional de Estadística (INE), la obesidad ha tenido una incidencia del 13,7% de la población española de 16 y más años en 2017, mientras que el sobrepeso afecta al 36,6% de la población. La obesidad es un condicionante de la salud que afecta gravemente al organismo, por ejemplo, en relación al funcionamiento cardiovascular y, algo menos conocido por la población general, también puede ser causa de una esteatosis hepática, lo que se conoce como hígado graso.

Tal como señala la Dra. Nadia Chahri, especialista en Aparato Digestivo de Clínica Planas, el hígado graso es una enfermedad que se caracteriza por el depósito de grasa en exceso dentro del hígado. Esto puede conllevar diferentes grados de lesión hepática: “desde una forma leve con escasa inflamación o hepatitis hasta formas más graves como una fibrosis hepática y en último lugar una cirrosis hepática con riesgo de desarrollar un cáncer hepático o hepatocarcinoma”, indica la Dra. Chahri.

A pesar de que también influyen factores genéticos u otros condicionantes como tener hipertensión arterial, dislipemia (altos niveles de lípidos en sangre como el colesterol o triglicéridos) o la toma de fármacos quimioterápicos o antiarrítmicos, lo cierto es que es una enfermedad que afecta con más frecuencia a personas obesas y/o diabéticas, tanto a niños como adultos. De hecho, se estima que un 25% de la población española tiene hígado graso y este riesgo aumenta si se padece diabetes mellitus, afectando hasta un 40-70% de los pacientes diabéticos.

Una enfermedad silenciosa que conviene detectar a tiempo

Los expertos alertan de que la mayoría de los diagnósticos son casuales porque es una enfermedad que no tiene síntomas en las fases iniciales y muchas veces el diagnóstico es demasiado tardío, cuando el paciente presenta ya una cirrosis hepática o una fibrosis avanzada, aumentado así el riesgo de mortalidad con un incremento de la mortalidad de un 10-12 % a los 10-15 años de su diagnóstico, además hay que sumar la mortalidad secundaria a las enfermedades cardiovasculares asociadas.

Por el contrario, si se detecta la patología en la fase inicial suele tener un buen pronóstico de supervivencia. En este sentido, se recomienda el control en pacientes con obesidad y diabéticos para diagnosticar a tiempo la enfermedad. El diagnóstico es sencillo: basta con una analítica sanguínea y una ecografía abdominal. Si se detecta la patología, actualmente existen métodos no invasivos para analizar la fase en la que se encuentra la enfermedad.

La enfermedad se puede superar con un tratamiento que contempla dos niveles: Por un lado, la pérdida de peso con una dieta hipocalórica controlada por un especialista y la práctica de ejercicio aeróbico con el objetivo de reducir el peso corporal en un 7-10%. Y, por otro lado,  el tratamiento de los factores de riesgo metabólicos cuando se hallen asociados, como la hipertensión arterial, la dislipemia o la diabetes mellitus.

Tal como destaca la Dra. Chari, la promoción de hábitos saludables es crucial: “Hoy por hoy, no podemos ofrecer a nuestros pacientes un tratamiento dirigido a la eliminación de la grasa hepática de forma específica, pero se están desarrollando nuevos fármacos prometedores con propiedades antiinflamatorias, antifibróticas y de sensibilización a la insulina. Pero lo que sí tenemos claro es que debemos promover unos hábitos de vida saludable, tratar las enfermedades asociadas al hígado graso y perseguir el diagnóstico de enfermedad hepática grasa no alcohólica en aquella población de riesgo”.




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