Entrevista: Dr. Artur Carbonell

 “LA HUMILDAD DE RECONOCER QUE NO SOMOS PERFECTOS SIEMPRE NOS LLEVA A QUERER APRENDER MÁS PARA BENEFICIO DE NUESTROS PACIENTES"

¿Cuál es la característica que mejor le define?

Soy una persona apasionada y con un gran afán perfeccionista en mi profesión, anhelando siempre que todas mis actuaciones sean perfectas y únicas, aún sabiendo que no lo voy a conseguir. El ser consciente de eso no significa renunciar de antemano, ya que la perfección me la marco como meta. El Profesor Jaime Planas me enseñó que los éxitos se olvidan; en cambio, no olvidas y revives diariamente cada complicación y cada fracaso. Desde entonces, me rijo bajo la premisa de que la perfección no existe, pero sí que todo es mejorable al tratar de conseguir que sea perfecto.

¿Tiene antecedentes médicos en la familia?

No tengo ninguna tradición médica en la familia, pero si mi hija, de 7 años, quisiera serlo, estaría muy orgulloso de poderla ayudar. Mi padre, que en paz descanse, era director de sucursal de La Caixa y me inculcó el valor del esfuerzo, la honestidad y el ahorro y mi madre, de origen agrícola, me instruyó en el amor a la lectura, la constancia en el trabajo y la voluntad de servicio a los demás. A mis padres les sorprendió que mi decisión fuera muy temprana y no se opusieron. Siendo ya estudiante de medicina y planteándome cambiar por periodismo y cinematografía, me aconsejaron que primero finalizara mis estudios de medicina y que luego emprendiera los otros si así lo deseaba. Justo en mi último año de facultad conocía al Dr. Jaime Planas y él fue quien me descubrió lo que yo quería ser.

El camino de la perfección del que hablaba antes lo desarrolla en todo tipo de operaciones de Cirugía Plástica. ¿Qué le llevó hasta aquí?

La personalidad y el cariño del Dr. Jaime Planas ha sido la clave de lo que puedo ser ahora, para mí ha sido mi maestro en el sentido más amplio y tradicional del término, siempre le he considerado un genio como cirujano y un médico de una cualidad humana excepcional, que me animó con su ansia de perfección en el trabajo y voluntad de servicio.

¿Cuál era su relación con el Dr. Jaime Planas?

Le conocí en sexto de medicina. Tengo un tío jesuita que casó al Dr. Jaime Planas y a su señora esposa Montse Ribó, siendo además muy buenos amigos, y fuimos invitados a comer a su casa durante las vacaciones de Navidad. En esa comida informal nos presentaron y me planteó cosas que ayudaron a orientarme en mi vocación. El Profesor era una persona que tenía una gran capacidad de seducción en todos los sentidos, sobre todo por su humanidad. Me fascinó la mente tan abierta y clara, la mía llena de dudas como siempre. Pero al hablar con él, me descubrió la Cirugía Plástica, una especialidad que lo abarca todo, todo el cuerpo, toda la anatomía humana, desde la cabeza a los pies. Esa conversación me impulsó a querer aprender de él y soñar con algún día poder imitarle.

¿Qué aprendió del Profesor Jaime Planas?

Él fue mi guía, mi maestro, mi padre académico. Con mis padres y mis hermanas siempre he tenido una gran relación y una gran intimidad familiar. Pero el Profesor Jaime Planas ha sido mi maestro. Fue curioso que su muerte y la de mi padre se llevaron tan solo seis meses. Él me tenía un gran cariño y yo le tenía una gran devoción, no sé si supe sacarle todas las enseñanzas que él me quiso transmitir.

¿Cuál es el secreto de ser un gran médico, un maestro, un padre?

Lo ignoro. Hay un aforismo clásico que dice que “la cirugía es el fracaso de la medicina”. Si nos centramos en la Cirugía Plástica, a parte de todo el conocimiento teórico, requiere también una gran dosis de habilidad manual. La Cirugía Estética es todo eso y muchísimo más, porque a la habilidad manual hay que añadirle algo muy subjetivo, el gusto personal. Somos ante todo médicos y somos conscientes de que existen distintas modas y diferentes personas, que cuando estén en nuestras manos son pacientes, no clientes. Al realizarle una actividad quirúrgica, el paciente debe salir del quirófano más sano que no ha entrado. Esto lo tenemos muy claro, y así podamos ofrecer a esa persona aquello que no la deja desarrollarse completamente como tal. Como ve, no hay secreto, es un cúmulo de circunstancias y de detalles, un cóctel con un denominador común, la voluntad explícita de servicio y proporcionar salud y bienestar a nuestros congéneres.

Algunos de estos detalles que comenta no los deben enseñar en la Universidad. ¿Qué es lo más importante de pasar por ella?

Durante la mitad de mi carrera fui decano de un colegio mayor y organizaba todas las actividades culturales. Así que el sentido que yo tengo de “Universidad” es como lo concebían en el Renacimiento –cuna del conocimiento–, la cabeza es para pensar y tener nuevas ideas. Pasar por la Universidad sirve para tener conocimientos y capacitación, pero no te da la licencia para hacer lo que quieras. Para mí, lo más importante de la Universidad es que sirva para formar personas.

Sabemos que usted ha sido un notable estudiante. Además de ejercer, también imparte clases en la Universidad Autónoma de Barcelona. ¿Los estudiantes que sacan buenas notas también son buenos médicos?

Yo fui mal estudiante de medicina en el sentido de que no me costaba estudiar y no lo hacía. Mis profesores siempre me acusaban de eso mismo, de que podría sacar mejores notas.

Quizás, porque también me interesaban muchas otras cosas, como la pasión que tengo por la lectura, el cine y la pintura. Me gusta mucho leer y de todo, soy muy curioso. El libro que tengo ahora en la mesita de noche es “El judío errante” de César Vidal. Trata de la odisea del pueblo judío desde los tiempos de Jesús hasta la creación del estado de Israel.

¿Ha seguido la carrera de algún estudiante suyo?

Sí, mantengo muy buena relación con ex-alumnos y antiguos residentes de Clínica Planas. El hecho de haberles ayudado en sus inicios, hace que ahora, que están solos, se acuerden aún más de ti. Y aquí saben que me tienen para echarles una mano siempre que lo necesiten.

¿Qué consejo es el que más solicitan?

La cirugía que más realizo es la de cara y es una cirugía que, para mí, puede ser fácil por el hábito y el entrenamiento, pero para una persona que acaba de empezar puede resultar una cirugía sino complicada, atrevida. Hay otras partes del cuerpo que se pueden esconder, la cara no. Son esos los casos en que exresidentes me piden más que les eche una mano. Sobre todo buscan conseguir resultados naturales, que no se reconozca que el paciente se ha operado, que la gente de su entorno no lo note y que la persona recupere la luz que había perdido. Son años de evolución, de acertar y equivocarte, lo que intentas transmitir a los que te siguen. Lo que tratas de enseñar son los pasos para conseguir el objetivo, pero son pasos ya depurados por la experiencia. Así que, cuando uno se encuentra solo, es normal que el miedo lo tenga en las complicaciones que se puedan presentar siguiendo estos pasos. Es entonces cuando te piden ayuda y tratas de encauzar, dirigir y hacerles ver dónde se pueden equivocar para intentar evitar errores. Aunque la experiencia es fundamental, se aprende más de los errores que de los aciertos.

¿Qué le llevó a trabajar en Clínica Planas?

Cuando conocí al Profesor Jaime Planas, me propuso un plan de formación en la especialidad, que incluía dos años de Cirugía General y tres específicos de Cirugía Plástica dirigidos por él. Al finalizar, hice un stage en Inglaterra y Escocia. Pues aunque me gusta operar de todo, siempre he sentido debilidad por todo lo que se encuentra en la cara y el macizo facial. A la vuelta, el Dr. Planas me propuso incorporarme a su equipo. Encantado le dije que sí, porque siempre había pensado que el hecho de ser un grupo de gente con una misma idea podía hacer que consiguiéramos más objetivos y mejores resultados, que no estando solo. Y así fue cómo me quedé en Clínica Planas.

Veo en su despacho una fotografía de usted junto al Dr. Jaime Planas con una dedicatoria…

Se la pedí yo, porque nadie de Clínica Planas tenía una fotografía a solas con él. La dedicatoria dice: “Al doctor Arturo Carbonell con el afecto y el agradecimiento de su inestimable colaboración”. Los dos bajo el mismo signo de Leo, que son caracteres de fuego muy particulares. Podíamos chocar muchas veces y a la cara, pero siempre para obtener el mejor de los resultados. Cuando dos personas discuten es porque les interesa luchar positivamente por lo que realmente les gusta. Eran discusiones constructivas para el bien de la especialidad. Por eso, me gusta tener esta fotografía bien visible en mi despacho. Con él fueron años apasionantes en todos los sentidos.

¿El consejo que nunca olvidará del Profesor Jaime Planas?

Él me ha aconsejado mucho y es por ello que mi gratitud hacia su persona es eterna. Otra cosa es que yo los haya sabido seguir. Aconsejaba desde el trato con los pacientes hasta las presentaciones en público, pasando por aspectos más personales.

Respecto al trato con el paciente, el Profesor Planas me decía que tenía que ser más paciente y más cariñoso. Tengo fama de ser una persona muy distante y muy fría. Pero fíjese que mi despacho es distinto de lo habitual. Es el único de Clínica Planas que no tiene la típica mesa que separa el médico del paciente, cosa que aprendí de mi maestro. Soy escueto pero no escondo nada. No hay trampa ni cartón en mí.

Sobre las presentaciones en público, me decía que mis exposiciones eran brillantes en imágenes, pero en las palabras siempre me quedaba corto. Me aconsejaba que fuera más explícito.

Y en el aspecto personal, siempre me aconsejaba que dejara de fumar porque algún día seguro que lo tendría que hacer. Sería entonces cuando me daría cuenta del tiempo que había perdido no habiéndolo hecho antes. Esto me lo decía él y también mi padre, ambos habían sido grandes fumadores y sabían bien de lo que hablaban.

¿Y fue así?

No, aún no les he hecho caso. Sigo fumando, me gusta mucho, no he sabido hacerles caso en todos los consejos que me han dado.

¿Quién entra más en su consulta?

Hay de todo. Evidentemente con los años, el hombre entra más, porque está sujeto a la moda hoy en día de la imagen. Yo llevo en Clínica Planas desde el año 1982 y al principio el noventa por cien eran mujeres y cada año veo que el porcentaje de líftings en hombres es mayor.

¿Qué le piden más sus pacientes?

Soy un enamorado de la especialidad y me gusta operar cualquier caso. Pero lo que más suelo realizar son líftings, mamas, glúteos, remodelaciones corporales… En definitiva, cirugías grandes. Tengo muy claro que primero somos médicos y después somos cirujanos, pero –con todo el respeto– no somos peluqueros. La suerte de dedicarse a la peluquería es que si te pasas cortando el pelo, vuelve a crecer. En nuestro caso, una vez has cortado, la cicatriz no desaparece nunca. Las modas tienen un vaivén y el hecho de ser médico hace que debas tener en la cabeza que lo que tienes enfrente es una persona que tiene que vivir muchos años. Y una cosa es que una persona –por circunstancias de la vida– tenga que vivir de su cuerpo y otra, que tenga que vivir con su cuerpo. Si una persona vive de su cuerpo, puedo entender que pida realizarse ciertas operaciones. Pero si es una persona normal de a pié de la calle, que vive con su cuerpo, hay que hacerle entender que quizás lo que está pidiendo no tiene ningún sentido, ya que ahora estará de moda pero al cabo de diez años será todo lo contrario.

Y sus pacientes, ¿aceptan su consejo?

Afortunadamente, sí porque tengo una gran fidelidad en mis pacientes. Al menos en mi experiencia, convencí a pacientes de no operarse en cierta ocasión y han vuelto al cabo de los años pidiendo lo mismo estando de acuerdo en lo que les aconsejé entonces. La misma fidelidad se repite con personas que no les pareció bien mi consejo y se operaron con otros médicos en otras clínicas, volviendo a mi consulta arrepentidos dándome la razón en lo que les dije en un principio. Yo sólo vivo de operar, entonces, contraindicar una operación provocaría echarme piedras sobre mi propio tejado y desprestigiar mi especialidad.

¿Quién entra más en su consulta, la gente que vive de su cuerpo o la gente que vive con su cuerpo?

Los que viven con su cuerpo. Afortunadamente, la cirugía es para todo el mundo, a pesar de la crisis.

Por cierto, ¿se nota la crisis en su sector?

La crisis económica que estamos viviendo afecta a todo el mundo. La única interpretación –que puedo dar bajo mi perspectiva en este momento de zozobra– es que la gente decide invertir en si mismo pensando que ahora es el momento de prepararse para lo que vendrá.

Usted como Cirujano Plástico, ¿se considera artista o artesano?

Durante mi formación en el extranjero me dí cuenta de que en muchos países no existía el concepto estético de la reconstrucción en el sentido que conocemos nosotros. Desde entonces, siempre he tenido muy presente que tenía que buscar una solución que no estuviera hipotecada por crear una secuela. El Profesor Jaime Planas siempre decía que “para vestir a un santo no se puede desnudar a otro”. Por eso, a la hora de buscar una solución, siempre hay que tener en la recámara dos o tres alternativas. Así que, aunque la cirugía sea una actividad manual, yo siempre digo que opero con la cabeza. De hecho, antes de entrar a quirófano, mentalmente sé lo que voy a conseguir o lo que quiero conseguir. Eso me permite ir muy rápido al realizar la cirugía, sin dudar. Esa es una de las muchas enseñanzas del Profesor Jaime Planas que tanto marcan en mi carrera. Aún así, cuando acabas y no has conseguido tu objetivo, no hay que tener ninguna pereza para volver a empezar, porque nuestro acto es único. La confianza que nos otorga la persona que se pone en nuestras manos nos da el deber de ofrecerle el cien por cien de nosotros mismos.

¿Cómo es el Dr. Carbonell con sus pacientes?

Ante los pacientes, trato de escuchar qué es lo que quieren, entender muy bien qué es lo que buscan, saber si aquello que piden es quirúrgico, y si lo es, saber si yo lo puedo reproducir creándole unas expectativas del cincuenta por cien de lo que podamos conseguir. Si aceptan estas reglas, iremos adelante, porque yo sé que en quirófano voy a intentar darles el cien por cien o más de lo que me piden, pero nunca antes de entrar en quirófano.

¿Y si no es quirúrgico?

Hay que saberlo detectar a tiempo, porque quizás es psicológico. Como decía el Dr. Jaime Planas, “de alguien que no operas no te arrepentirás nunca, de alguien que has operado incorrecta o innecesariamente te arrepentirás toda la vida”.

Explique algún caso con algún paciente que represente la recompensa de su especialidad.

Recuerdo el caso del lífting de una señora que tenía uno de los cuellos más espectaculares que he operado; cara y cuello era todo un cilindro. Cuando la destapé, se me puso a llorar emocionada y me dijo “por fin podré ponerme un collar”.

Usted que ha participado en múltiples congresos nacionales e internacionales, ¿hacia donde cree que se dirige la Cirugía Plástica? ¿Qué se aprende en el extranjero? ¿Existe una globalización de su especialidad?

Sí, la globalización existe en nuestra especialidad hasta el punto de que no es imprescindible salir de nuestro país para aprender más. Pero cabe decir que se aprende –si se quiere aprender– de cada uno de los sitios donde uno acude. Me considero muy autocrítico y muy exigente con los resultados que podemos obtener, y ansío siempre la máxima perfección. Soy consciente de los resultados que puedo obtener, así que cuando viajo al extranjero, cualquier detalle, cualquier técnica o avance que observo que puede resultar mejor de lo que yo realizo es lo que voy a aprender y lo que trato de reproducir. Es importante viajar, pero eso debe provocar que abramos más nuestra mente. La humildad de reconocer que no somos perfectos siempre nos lleva a querer aprender más, a mejorar y exigirnos para beneficio de nuestros pacientes.

En estos congresos se habla de las experiencias, de las innovaciones…, pero ¿se habla también del futuro de la Cirugía Plástica?

Siempre hay un foro para hablar del futuro. Hace ya más de veinte años que afirmo que el futuro no estará en la cirugía. No sé si lo veremos, pero la cirugía tal y como la concebimos hoy, en veinte o treinta años no tendrá vigencia. Surgirán otras técnicas, seguramente.

¿Cuáles cree que serán estas técnicas del futuro que substituirán la cirugía?

Todo lo que está evolucionando en la genética marcará en nuestra especialidad; quizás sea el resultado del trabajo con células madre o con la bioingeniería. Cuando se habla del futuro de la especialidad, hay que tener en cuenta las cuestiones éticas que muchos no tienen claras o no las quieren tener claras. Estoy convencido de que se están realizando prácticas –las cuales todavía no han salido a la luz pública–, que tendrán consecuencias negativas por no haber tenido en cuenta ciertos valores éticos. Eso no quiere decir que no sea un gran defensor de la libertad del individuo, pero a la vez no me quita que deje de creer en Dios e intento ser coherente y practicante con esta idea. La ambición humana de querer ser Dios nos puede perder.

¿Qué diría el Profesor Jaime Planas de lo que vio en un principio y de lo que aún está por llegar?

El Dr. Planas era un gran médico, un gran cirujano en el más estricto sentido de la palabra. Así que también él tenía muy en cuenta las cuestiones éticas. Seguro de que estaría muy orgulloso de algunas evoluciones, pero también muy triste por todo el mercantilismo que existe hoy en día, por todo el desprestigio de nuestra especialidad, por todo el revanchismo de tal y como están las cosas y también por la desviación de esta investigación en la cual no creo que le gustara entrar.

La actividad docente es imprescindible para la evolución de la especialidad, pero también podemos leer algunos artículos suyos en diferentes revistas especializadas.

¿Qué importancia tienen los medios de comunicación en el mundo de la Cirugía Plástica?

Estamos hablando de dos cosas diferentes. Una cosa es un artículo científico, el cual el Profesor Planas instigaba a hacerlo porque se trata de prestar a la comunidad científica una nueva técnica, un nuevo avance que sirva para la mejora de la propia ciencia. Otra cosa son los artículos de divulgación en medios de comunicación sobre los cuales me gustaría no opinar, ya que soy contrario al marketing. Con esto quiero decir que el éxito del médico está en el boca a boca. Algo que define mi manera de pensar es que cuando me presento a los demás lo hago como cirujano, no como cirujano plástico. A no ser que me pregunten, nunca intento conseguir clientes. Si haces o intentas hacer bien tu trabajo, siempre tendrás éxito. Todo lo demás es publicidad.

¿Qué o a quién le cambiaría usted la cara?

A parte de cirujano, también soy productor de mandarinas por tradición familiar, pues me gustaría pasar el bisturí y las tijeras a los responsables de querer mantener el precio de los alimentos a costa de tirarlos y perderlos. Lo que más me agobia, más me aterra y más enfermo me pone es pensar que mientras esto ocurre, en el tercer mundo se mueren de hambre.

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